... y de aguantarlas.
Cuando uno decide hacer una broma, tiene que estar dispuesto a aguantarlas. Son como las inocentadas del 28 de Diciembre. Si la haces, te la van a devolver.
No se puede pretender gastar una broma y querer que el otro se lo tome a bien, pero enfadarte, enfurruñarte, hasta indignarte cuando eres tú el destinatario. Mucho menos puedes esgrimir en defensa de tu indignación argumentos que se podrían utilizar igualmente para enfrentarse a tu propia broma.
He dicho.
Punto.
martes, 13 de enero de 2015
lunes, 29 de diciembre de 2014
De las fechas navideñas (Segunda parte)
.... y de que a parte de lo que ya dije en la entrada anterior, resultan una fantástica escusa para los reencuentros.
Y este fin de semana ha sido para mí eso, un fin de semana de reencuentros. Con amigos y compañeros con los que hacía tiempo que no compartía buenos momentos. Es cierto que día a día cae algún mensaje, alguna llamada, quizá con suerte un café rápido. Pero solo de vez en cuando hay ocasiones en las que podemos juntarnos todas y compartir un rato más que agradable.
Y estos días he tenido la oportunidad de reencontrarme, ¡y qué bien me ha sentado! El viernes tuve cita con el grupo de amigas de la carrera, hacía meses que no nos juntábamos las cuatro y fue increíble. Como si no pasara el tiempo (y la distancia) por nosotras. Pero fue corto y estoy deseando de nuevo tener otra oportunidad para seguir contándonos cosas y recordando viejos tiempos.
El sábado tocó otro evento esperado e ineludible... mis chicas CAP. Ellas y acompañantes se han convertida en más que eso, con compañeras, amigas, un grupo genial, divertido, con el que está asegurada la diversión.
Por eso, aunque las fechas navideñas me dan mucha pereza, y sobre todo este año me han dado quebraderos de cabeza y algún disgusto, también tiene su lado bueno: el de juntar a esa familia que se escoge.
PD: No obstante, este fin de semana ha dado también para esos "disgustos navideños", aunque éste casi sin importancia. Las suposiciones y la falta de comunicación hacen estragos. La madurez, el cariño y la amistad lo solucionan.
Y este fin de semana ha sido para mí eso, un fin de semana de reencuentros. Con amigos y compañeros con los que hacía tiempo que no compartía buenos momentos. Es cierto que día a día cae algún mensaje, alguna llamada, quizá con suerte un café rápido. Pero solo de vez en cuando hay ocasiones en las que podemos juntarnos todas y compartir un rato más que agradable.
Y estos días he tenido la oportunidad de reencontrarme, ¡y qué bien me ha sentado! El viernes tuve cita con el grupo de amigas de la carrera, hacía meses que no nos juntábamos las cuatro y fue increíble. Como si no pasara el tiempo (y la distancia) por nosotras. Pero fue corto y estoy deseando de nuevo tener otra oportunidad para seguir contándonos cosas y recordando viejos tiempos.
El sábado tocó otro evento esperado e ineludible... mis chicas CAP. Ellas y acompañantes se han convertida en más que eso, con compañeras, amigas, un grupo genial, divertido, con el que está asegurada la diversión.
Por eso, aunque las fechas navideñas me dan mucha pereza, y sobre todo este año me han dado quebraderos de cabeza y algún disgusto, también tiene su lado bueno: el de juntar a esa familia que se escoge.
PD: No obstante, este fin de semana ha dado también para esos "disgustos navideños", aunque éste casi sin importancia. Las suposiciones y la falta de comunicación hacen estragos. La madurez, el cariño y la amistad lo solucionan.
martes, 16 de diciembre de 2014
De estas fechas navideñas....
... y de las pocas ganas de celebrarlo todo con todos.
No voy a mentir diciendo que no me gusta la Navidad. No solo me gusta, me encanta. Me ilusiona todo lo que hay a su alrededor: las luces, el árbol, los adornos, los dulces típicos, el turrón, los regalos, la alegría, el buen humor de (casi) todo el mundo....
Lo que no encajo muy bien son algunas tradiciones navideñas de mi propia familia.... porque no sé si en las demás se dan en la misma medida.
Ese deber/obligación que tenemos de pasar esos días todos juntos como si todos nos lleváramos como la seda. Ese deber/obligación de no hablar de ciertas cosas. De estar en cada momento, en el minuto exacto, con la ropa adecuada, perfecta.
Son días familiares, de acuerdo; a la fuerza tienes que coincidir con toda la familia aunque haya algunos con los que no termines de llevarte del todo, correcto; pero..... ¿porqué esa sensación de decepción, de estar fallando, de culpabilidad extrema cuando no te apetece acudir a una de las citas navideñas?
Es más un reproche hacia mí misma que hacia lo que me rodea, así que quizá el inicio del post esté mal planteado. Debería haber dicho que no encajo muy bien mis sentimientos dentro de la tradición familiar. Porque si el resto del año hago y deshago, voy y vengo, como quiero sin dar más explicaciones que las verdaderas, ¿porqué no hacerlo también en Navidad? Siento como si la decepción que pudiera causar pudiera matar a alguien.
A partir del año que viene quiero empezar a hacer las cosas de otro modo.
No voy a mentir diciendo que no me gusta la Navidad. No solo me gusta, me encanta. Me ilusiona todo lo que hay a su alrededor: las luces, el árbol, los adornos, los dulces típicos, el turrón, los regalos, la alegría, el buen humor de (casi) todo el mundo....
Lo que no encajo muy bien son algunas tradiciones navideñas de mi propia familia.... porque no sé si en las demás se dan en la misma medida.
Ese deber/obligación que tenemos de pasar esos días todos juntos como si todos nos lleváramos como la seda. Ese deber/obligación de no hablar de ciertas cosas. De estar en cada momento, en el minuto exacto, con la ropa adecuada, perfecta.
Son días familiares, de acuerdo; a la fuerza tienes que coincidir con toda la familia aunque haya algunos con los que no termines de llevarte del todo, correcto; pero..... ¿porqué esa sensación de decepción, de estar fallando, de culpabilidad extrema cuando no te apetece acudir a una de las citas navideñas?
Es más un reproche hacia mí misma que hacia lo que me rodea, así que quizá el inicio del post esté mal planteado. Debería haber dicho que no encajo muy bien mis sentimientos dentro de la tradición familiar. Porque si el resto del año hago y deshago, voy y vengo, como quiero sin dar más explicaciones que las verdaderas, ¿porqué no hacerlo también en Navidad? Siento como si la decepción que pudiera causar pudiera matar a alguien.
A partir del año que viene quiero empezar a hacer las cosas de otro modo.
martes, 9 de diciembre de 2014
De cuando no quieres ver lo que tienes delante....
.... y una se cansa ya de intentar que al menos lo ojees.
Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y la verdad es que así es. Y es que esta persona no es no quiera verlo, es que lo ve, y en su interior sabe interpretar perfectamente, pero sigue haciendo caso omiso.
Y tu intentas aconsejar, hacerle ver, entender, también intentas que se quiera un poco más, porque al final se trata más de tu propia dignidad que de otra cosa, pero.... ¡no hay tu tía! Cuando parece que al final se ha dado cuenta y que va a tomar una decisión, te enteras que ha tomado la contraria.
Y cuando aconsejas no es que quieras que la otra persona tome la decisión que tu tomarías, porque cada persona es distinta, tiene sus propias circunstancias, sus propias motivaciones.... pero tampoco se puede aguantar tanto cambio de dirección, a veces más que una veleta.
Finalmente das un ultimatum, el mismo que debería dar otra persona, y dices: "tomes la decisión que tomes, apechuga con las consecuencias, porque no puedes quejarte todo el rato de lo mismo y no tomar decisiones y medidas para evitarlo. Si sabes que solo hay una manera de solucionarlo pero no te gustan las consecuencias, no puedes estar fustigandote todo el día. Aprende a vivir y a asumir las consecuencias de tus propios actos".
Cuando llegas a este punto con ella.... olvídate de más. No le gusta lo que oye, así que no volverás a oír nada de ella tampoco. Un alivio en cierta manera, pero egoísta también, porque esa no es manera de pagar una ayuda sincera de alguien que te quiere y que no gana nada con "mal-aconsejarte".
PD: Y a pesar de ello, contenta por otras cosas que tienen que ver con otras personas que pase lo que pase, opines lo que opines, aconsejes lo que aconsejes y hagan lo que hagan siguen buscando tu apoyo. Lo cortés no quita lo valiente.
Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y la verdad es que así es. Y es que esta persona no es no quiera verlo, es que lo ve, y en su interior sabe interpretar perfectamente, pero sigue haciendo caso omiso.
Y tu intentas aconsejar, hacerle ver, entender, también intentas que se quiera un poco más, porque al final se trata más de tu propia dignidad que de otra cosa, pero.... ¡no hay tu tía! Cuando parece que al final se ha dado cuenta y que va a tomar una decisión, te enteras que ha tomado la contraria.
Y cuando aconsejas no es que quieras que la otra persona tome la decisión que tu tomarías, porque cada persona es distinta, tiene sus propias circunstancias, sus propias motivaciones.... pero tampoco se puede aguantar tanto cambio de dirección, a veces más que una veleta.
Finalmente das un ultimatum, el mismo que debería dar otra persona, y dices: "tomes la decisión que tomes, apechuga con las consecuencias, porque no puedes quejarte todo el rato de lo mismo y no tomar decisiones y medidas para evitarlo. Si sabes que solo hay una manera de solucionarlo pero no te gustan las consecuencias, no puedes estar fustigandote todo el día. Aprende a vivir y a asumir las consecuencias de tus propios actos".
Cuando llegas a este punto con ella.... olvídate de más. No le gusta lo que oye, así que no volverás a oír nada de ella tampoco. Un alivio en cierta manera, pero egoísta también, porque esa no es manera de pagar una ayuda sincera de alguien que te quiere y que no gana nada con "mal-aconsejarte".
PD: Y a pesar de ello, contenta por otras cosas que tienen que ver con otras personas que pase lo que pase, opines lo que opines, aconsejes lo que aconsejes y hagan lo que hagan siguen buscando tu apoyo. Lo cortés no quita lo valiente.
martes, 25 de noviembre de 2014
la Cara del Moro
Uno de los monumentos más representativos de la ciudad de Alicante es el Castillo de Santa Bárbara, que se erige sobre el Monte Benacantil. A sus pies se desarrolla toda la vida cotidiana en una ciudad que guarda muchas sorpresas para quienes se atreven a mirar un poco más de cerca.
Subir al Castillo de Santa Bárbara te da una perspectiva de la ciudad diferente, desde allí arriba puedes ver Alicante en los 360º; y las vistas a la playa y el mar Mediterráneo son maravillosas. En días despejados incluso puedes divisar Tabarca.
No obstante, lo más curioso del Castillo no es la fortificación en sí misma, sino la imagen que se adivina en la roca sobre la que se alza y que es conocida por todos los alicantinos como "La Cara del Moro".
Según la leyenda, esta imagen no es fruto de la caprichosa naturaleza, sino que responde a una trágica historia de amor:
"El Califa que gobernaba la ciudad tenía una hija llamada Cántara de una belleza sin igual. Una gran cantidad de pretendientes llegaron a la ciudad a pedirle al Califa la mano de la joven, pero entre todos ellos sólo dos destacaron: Almanzor y Alí.
Almanzor era un gran general que ha pasado a la historia, procedente de Córdoba y conquistador de Zamora, Barcelona, Santiago.... Sin embargo Alí era un joven noble guapo, con bastante labia y encanto.
El Califa no supo decidirse, por lo que decidió proponer a los pretendientes una prueba, de manera que el primero en llevar a cabo una gesta que fuera de su agrado se llevaría la mano de la bella Cántara.
Así, Almanzor partió hacia la India a por sedas y especias, abriendo así una ruta comercial con el Lejano Oriente. En cambio Alí escogió un trabajo igualmente duro pero intencionadamente cerca de su amada: quiso abrir una acequia que trajera aga a la ciudad desde la zona de Tibi.
Las obras de la acequia empezaron con buen pie, pero finalmente se retrasaron y no pudo finalizarla puesto que Alí comenzó "festear" a la princesa, a cortejarla y escribirle poemas, consiguiendo que ella cayera a sus pies.
Al regreso de Almanzor, éste había cumplido con creces su misión, ya que trajo un barco cargado de especias y ricas telas para el Califa, quien, satisfecho, le dio la mano de su hija al trabajador muchacho.
Cuando Alí conoció que su amada iba a ser entregada a otro hombre, desesperado se tirí por un barranco. Al caer al fondo del abismo la tierra se abrió milagrosamente y brotó el agua de la montaña, llenando la actual presa de Tibi.
Cántara al enterarse decidió seguir el ejemplo de su amado y se tiró por uno de los barrancos de la Sierra de San Julián, conocido desde entonces como el Salt de la reina mora.
El Califa, habiendo perdido a su hija predilecta, cayó en una tristeza tan profunda que acabó muriendo de pena. Al cabo de poco tiempo, su triste perfil apareció tallado en lo alto del monte Benacantil y la corte sarracena, impresionada por esta historia, decidió cambiar el nombre de la ciudad por Alicante, para conseguir que los dos amados permanezcan unidos, aunque solo sea por su nombre, para la eternidad."
Subir al Castillo de Santa Bárbara te da una perspectiva de la ciudad diferente, desde allí arriba puedes ver Alicante en los 360º; y las vistas a la playa y el mar Mediterráneo son maravillosas. En días despejados incluso puedes divisar Tabarca.
No obstante, lo más curioso del Castillo no es la fortificación en sí misma, sino la imagen que se adivina en la roca sobre la que se alza y que es conocida por todos los alicantinos como "La Cara del Moro".
Según la leyenda, esta imagen no es fruto de la caprichosa naturaleza, sino que responde a una trágica historia de amor:
"El Califa que gobernaba la ciudad tenía una hija llamada Cántara de una belleza sin igual. Una gran cantidad de pretendientes llegaron a la ciudad a pedirle al Califa la mano de la joven, pero entre todos ellos sólo dos destacaron: Almanzor y Alí.
Almanzor era un gran general que ha pasado a la historia, procedente de Córdoba y conquistador de Zamora, Barcelona, Santiago.... Sin embargo Alí era un joven noble guapo, con bastante labia y encanto.
El Califa no supo decidirse, por lo que decidió proponer a los pretendientes una prueba, de manera que el primero en llevar a cabo una gesta que fuera de su agrado se llevaría la mano de la bella Cántara.
Así, Almanzor partió hacia la India a por sedas y especias, abriendo así una ruta comercial con el Lejano Oriente. En cambio Alí escogió un trabajo igualmente duro pero intencionadamente cerca de su amada: quiso abrir una acequia que trajera aga a la ciudad desde la zona de Tibi.
Las obras de la acequia empezaron con buen pie, pero finalmente se retrasaron y no pudo finalizarla puesto que Alí comenzó "festear" a la princesa, a cortejarla y escribirle poemas, consiguiendo que ella cayera a sus pies.
Al regreso de Almanzor, éste había cumplido con creces su misión, ya que trajo un barco cargado de especias y ricas telas para el Califa, quien, satisfecho, le dio la mano de su hija al trabajador muchacho.
Cuando Alí conoció que su amada iba a ser entregada a otro hombre, desesperado se tirí por un barranco. Al caer al fondo del abismo la tierra se abrió milagrosamente y brotó el agua de la montaña, llenando la actual presa de Tibi.
Cántara al enterarse decidió seguir el ejemplo de su amado y se tiró por uno de los barrancos de la Sierra de San Julián, conocido desde entonces como el Salt de la reina mora.
El Califa, habiendo perdido a su hija predilecta, cayó en una tristeza tan profunda que acabó muriendo de pena. Al cabo de poco tiempo, su triste perfil apareció tallado en lo alto del monte Benacantil y la corte sarracena, impresionada por esta historia, decidió cambiar el nombre de la ciudad por Alicante, para conseguir que los dos amados permanezcan unidos, aunque solo sea por su nombre, para la eternidad."
Os dejo una foto maravillosa de nuestro Castillo de noche, impresionante.
jueves, 20 de noviembre de 2014
Del inconformismo...
.... que os hablé la semana pasada han habido consecuencias.
No grandes consecuencias, por supuesto, pero para mí sí lo son. Implica estar a gusto conmigo misma, que mi pensamiento y mis actos estén en armonía.
Hay decisiones que duelen, y que no quieres tomarlas. Pero siempre defiendo que para que todo a tu alrededor esté bien, tú tienes que estar bien.
Muchas veces la mente y el corazón van por caminos distintos, y eso al final termina minándote. Ni hay que cambiar el pensamiento, ni los sentimientos. Hay que saber acompasarlos, darles a cada uno su lugar, su momento, su debida importancia. Compaginar lo que a priori puede parecer incompatible.
Llevo muchos años luchando por ser yo misma, independiente, alguien a quien pueda describir por sí sola, por lo que hace y no hace, por lo que piensa y no piensa, por lo que quiere y lo que no quiere, por la huella (buena o mala) que puede dejar a su paso. No quiero ser la novia de, la hija de, la nieta de, una amiga de.... y así un largo etcétera. No confundir.... no quiero decir que no me sienta orgullosa de ser "la ... de", pero no quiero ser SOLO eso.
Para conseguir lo que tengo en mente tengo que dejar de comportarme como si no me importara todo por lo que lucho a diario. Aunque duela. Aunque afecte a otras personas. Por que otras personas no se han preguntado si sus comportamientos pueden afectarme y afectar a lo que quiero ser y conseguir.
Y sí, duele y mucho. No sólo la decisión, sino también la perspectiva de las consecuencias. No podemos saber lo que puede pasar, porque puede ser un sí o un no o un quizá o una probablemente. Pero da miedo saber que existe la posibilidad de alguna de esas direcciones. Y porque lo malo que tenemos las personas es que nos relacionamos con otras personas que también toman decisiones.
No obstante he decidido, bueno no creo que haya sido una decisión, sino más bien ha sido una "caída del guindo", que lo que pasa a diario, lo que ha pasado y lo que pasará, tiene que tomarse como un aprendizaje y como un camino para fortalecerme. Para darme cuenta que, una vez más, puedo conseguir lo que me proponga.
Una última reflexión: no ha pasado por todo lo que llevo a las espaldas para conformarme con lo que la vida me quiera dar y cumpliendo con un papel de fiel servidora.
No grandes consecuencias, por supuesto, pero para mí sí lo son. Implica estar a gusto conmigo misma, que mi pensamiento y mis actos estén en armonía.
Hay decisiones que duelen, y que no quieres tomarlas. Pero siempre defiendo que para que todo a tu alrededor esté bien, tú tienes que estar bien.
Muchas veces la mente y el corazón van por caminos distintos, y eso al final termina minándote. Ni hay que cambiar el pensamiento, ni los sentimientos. Hay que saber acompasarlos, darles a cada uno su lugar, su momento, su debida importancia. Compaginar lo que a priori puede parecer incompatible.
Llevo muchos años luchando por ser yo misma, independiente, alguien a quien pueda describir por sí sola, por lo que hace y no hace, por lo que piensa y no piensa, por lo que quiere y lo que no quiere, por la huella (buena o mala) que puede dejar a su paso. No quiero ser la novia de, la hija de, la nieta de, una amiga de.... y así un largo etcétera. No confundir.... no quiero decir que no me sienta orgullosa de ser "la ... de", pero no quiero ser SOLO eso.
Para conseguir lo que tengo en mente tengo que dejar de comportarme como si no me importara todo por lo que lucho a diario. Aunque duela. Aunque afecte a otras personas. Por que otras personas no se han preguntado si sus comportamientos pueden afectarme y afectar a lo que quiero ser y conseguir.
Y sí, duele y mucho. No sólo la decisión, sino también la perspectiva de las consecuencias. No podemos saber lo que puede pasar, porque puede ser un sí o un no o un quizá o una probablemente. Pero da miedo saber que existe la posibilidad de alguna de esas direcciones. Y porque lo malo que tenemos las personas es que nos relacionamos con otras personas que también toman decisiones.
No obstante he decidido, bueno no creo que haya sido una decisión, sino más bien ha sido una "caída del guindo", que lo que pasa a diario, lo que ha pasado y lo que pasará, tiene que tomarse como un aprendizaje y como un camino para fortalecerme. Para darme cuenta que, una vez más, puedo conseguir lo que me proponga.
Una última reflexión: no ha pasado por todo lo que llevo a las espaldas para conformarme con lo que la vida me quiera dar y cumpliendo con un papel de fiel servidora.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
De que no me quiero conformar
Últimamente me estoy conformando con muchas cosas. Casi podría decir que con casi todo lo que me ocurre y lo que ocurre a mi alrededor.
Pero desde este fin de semana he decidido que ya no me quiero conformas más, que me he hartado de siempre comprender, ponerme en el lugar de los demás, entender que no es el momento, o que mis sensaciones y sentimientos puedes posponerse.
Estoy HASTA LOS MISMÍSIMOS OVARIOS de tener metidita en la cabeza esa cantaleta que nos impone la cultura del "bienqueda", esa especie de cortesía hipócrita, amabilidad falsa, careta que la sociedad disfraza como "buena educación".
Pues no. No quiero ser bien educada, ni quiero ser cortés, ni amable ni quiero quedar bien con nadie que no sea yo misma. Ya está bien! Los últimos meses preocupándome de todo y de todos menos de mí y de lo que me apetece en cada momento.
¿Y cómo voy a salir yo sola de compras? ¿Cómo me voy a ir a dar un paseo yo sola por el centro? ¿Cómo voy a ir a tomarme un café sin compañía? ¿Cómo voy a pedir que me apetece esto o lo otro? ¿Y porqué no decido yo sin preguntar lo que comemos según lo que a mí me apetece? ¿Cómo me voy a tomar la libertad de decir que esto no lo quiero hacer? ¿Cómo no voy a hacer este esfuerzo? ¿Cómo puedo pensar en quejarme?
Pues sí. Quiero quejarme, e irme a dar una vuelta yo sola, tomarme un café, o una cerveza o un gintonic si hace falta, y quiero irme sola de compras. No me quiero conformar con el devenir de los acontecimientos.
Sobre todo ya no me da la gana de conformarme con las imposiciones. No quiero dejar de decir lo que opino porque vayan a pensar de mí determinadas cosas. No quiero dejar de defenderme por no discutir. Quiero que la gente sepa que tengo sentimientos, y que aunque sean distintos a los de los demás, también se tienen que respetar. Porque yo llevo mucho tiempo respetando, callando, dejando pasar, tragando con muchas cosas que no me gustan.
Hoy he tenido un arrebato de inconformismo. No me ha dado la gana de callarme lo que pensaba y lo que sentía. Y ese arrebato me ha llevado a esta crisis tecleadora. Lo siento por quien me lea, si es que alguien me lee.
PD: Este fin de semana empieza mi particular guerra sin armas.
Pero desde este fin de semana he decidido que ya no me quiero conformas más, que me he hartado de siempre comprender, ponerme en el lugar de los demás, entender que no es el momento, o que mis sensaciones y sentimientos puedes posponerse.
Estoy HASTA LOS MISMÍSIMOS OVARIOS de tener metidita en la cabeza esa cantaleta que nos impone la cultura del "bienqueda", esa especie de cortesía hipócrita, amabilidad falsa, careta que la sociedad disfraza como "buena educación".
Pues no. No quiero ser bien educada, ni quiero ser cortés, ni amable ni quiero quedar bien con nadie que no sea yo misma. Ya está bien! Los últimos meses preocupándome de todo y de todos menos de mí y de lo que me apetece en cada momento.
¿Y cómo voy a salir yo sola de compras? ¿Cómo me voy a ir a dar un paseo yo sola por el centro? ¿Cómo voy a ir a tomarme un café sin compañía? ¿Cómo voy a pedir que me apetece esto o lo otro? ¿Y porqué no decido yo sin preguntar lo que comemos según lo que a mí me apetece? ¿Cómo me voy a tomar la libertad de decir que esto no lo quiero hacer? ¿Cómo no voy a hacer este esfuerzo? ¿Cómo puedo pensar en quejarme?
Pues sí. Quiero quejarme, e irme a dar una vuelta yo sola, tomarme un café, o una cerveza o un gintonic si hace falta, y quiero irme sola de compras. No me quiero conformar con el devenir de los acontecimientos.
Sobre todo ya no me da la gana de conformarme con las imposiciones. No quiero dejar de decir lo que opino porque vayan a pensar de mí determinadas cosas. No quiero dejar de defenderme por no discutir. Quiero que la gente sepa que tengo sentimientos, y que aunque sean distintos a los de los demás, también se tienen que respetar. Porque yo llevo mucho tiempo respetando, callando, dejando pasar, tragando con muchas cosas que no me gustan.
Hoy he tenido un arrebato de inconformismo. No me ha dado la gana de callarme lo que pensaba y lo que sentía. Y ese arrebato me ha llevado a esta crisis tecleadora. Lo siento por quien me lea, si es que alguien me lee.
PD: Este fin de semana empieza mi particular guerra sin armas.
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