lunes, 15 de junio de 2015

De dos semanas dando vueltas a una idea....

...y de la necesidad de escribirla.

Muchísimo tiempo sin pasarme por aquí, pero qué le vamos a hacer, dejadez, falta de tiempo y una temporada "pasota"a nivel reflexivo personal.

Pero ya hay situaciones que me superan y que provocan oleajes terribles en ese mar en calma que era, hasta ahora, mi mente.

Lo cierto es que alguna tormenta ha habido, pero siempre he encontrado la manera de pasarlas sin mucho esfuerzo, o mejor dicho, sin muchas complicaciones. Pero últimamente hay un asunto que me retuerce todo por dentro.

La idea básica y a la que podría resumirlo todo es que hay personas que viven como quieren con el mínimo esfuerzo, cuando a tí cada cosa que haces te cuesta un mundo. No es envidia, es estupefacción. Perplejidad de ver cómo las mariposas revolotean alrededor de alguien cuya única misión diaria es ser, existir, respirar. Y con ello ya lo tiene todo solucionado, la vida casi resuelta.

Y luego comparo mi situación con su situación y pienso.... no puede ser. Yo que mido cada céntimo, cada cosa que hago, que cuento cada día que pasa y calculo si hay suficiente para pagar la siguiente factura.... Que hay noches que no puedo dormir por muy cansada que llegue porque la mente no deja de dar vueltas al trabajo.

No voy a seguir escribiendo porque no... esa actitud me revienta. Me pone histérica. Y hace que se me quiten todas las ganas de nada.

Sólo espero que ésta sea la última, y que al pasar el verano por fin llegue el momento en que tu ilusión de color de rosa se caiga al suelo, no por hacerte daño, sino porque es lo más normal que pase... no hay por donde sostenerla.

martes, 7 de abril de 2015

Cuánto tiempo sin pasar por aquí....

.... y cuántas cosas tendría que contar.

Porque lo cierto es que está siendo una época bastante movida, turbulenta. En casi todos los aspectos. Cuando se consigue cerrar una puerta, ya se está abriendo otra de par en par, pero no para traer buenas noticias, sino para todo lo contrario. Y aunque no es un trabajo física, termina por cansar. Cansada de luchar por lo mío y por lo de los demás.

Pero qué sería la vida sin estas pequeñas cosas.... Lo realmente importante es que al final, siempre aprendemos algo. Aunque ahora no seamos capaces de saber el qué.

lunes, 9 de febrero de 2015

Por un oído me entra....

.... Y por el otro me sale.

Esa sensación tengo después de dos fines de semana nada buenos. Parece que cuando hablo por un oído entra y por el otro sale. Entre una y otra pueden pasar algunas semanas pero después es como que "me da igual". Pues a mí no me da igual.

Y no voy a seguir porque este no es el lugar ni el momento.

martes, 13 de enero de 2015

De hacer bromas....

... y de aguantarlas.


Cuando uno decide hacer una broma, tiene que estar dispuesto a aguantarlas. Son como las inocentadas del 28 de Diciembre. Si la haces, te la van a devolver.

No se puede pretender gastar una broma y querer que el otro se lo tome a bien, pero enfadarte, enfurruñarte, hasta indignarte cuando eres tú el destinatario. Mucho menos puedes esgrimir en defensa de tu indignación argumentos que se podrían utilizar igualmente para enfrentarse a tu propia broma.

He dicho.

Punto.

lunes, 29 de diciembre de 2014

De las fechas navideñas (Segunda parte)

.... y de que a parte de lo que ya dije en la entrada anterior, resultan una fantástica escusa para los reencuentros.

Y este fin de semana ha sido para mí eso, un fin de semana de reencuentros. Con amigos y compañeros con los que hacía tiempo que no compartía buenos momentos. Es cierto que día a día cae algún mensaje, alguna llamada, quizá con suerte un café rápido. Pero solo de vez en cuando hay ocasiones en las que podemos juntarnos todas y compartir un rato más que agradable.

Y estos días he tenido la oportunidad de reencontrarme, ¡y qué bien me ha sentado! El viernes tuve cita con el grupo de amigas de la carrera, hacía meses que no nos juntábamos las cuatro y fue increíble. Como si no pasara el tiempo (y la distancia) por nosotras. Pero fue corto y estoy deseando de nuevo tener otra oportunidad para seguir contándonos cosas y recordando viejos tiempos.

El sábado tocó otro evento esperado e ineludible... mis chicas CAP. Ellas y acompañantes se han convertida en más que eso, con compañeras, amigas, un grupo genial, divertido, con el que está asegurada la diversión.

Por eso, aunque las fechas navideñas me dan mucha pereza, y sobre todo este año me han dado quebraderos de cabeza y algún disgusto, también tiene su lado bueno: el de juntar a esa familia que se escoge.



PD: No obstante, este fin de semana ha dado también para esos "disgustos navideños", aunque éste casi sin importancia. Las suposiciones y la falta de comunicación hacen estragos. La madurez, el cariño y la amistad lo solucionan.


martes, 16 de diciembre de 2014

De estas fechas navideñas....

... y de las pocas ganas de celebrarlo todo con todos.

No voy a mentir diciendo que no me gusta la Navidad. No solo me gusta, me encanta. Me ilusiona todo lo que hay a su alrededor: las luces, el árbol, los adornos, los dulces típicos, el turrón, los regalos, la alegría, el buen humor de (casi) todo el mundo....

Lo que no encajo muy bien son algunas tradiciones navideñas de mi propia familia.... porque no sé si en las demás se dan en la misma medida.

Ese deber/obligación que tenemos de pasar esos días todos juntos como si todos nos lleváramos como la seda. Ese deber/obligación de no hablar de ciertas cosas. De estar en cada momento, en el minuto exacto, con la ropa adecuada, perfecta.

Son días familiares, de acuerdo; a la fuerza tienes que coincidir con toda la familia aunque haya algunos con los que no termines de llevarte del todo, correcto; pero..... ¿porqué esa sensación de decepción, de estar fallando, de culpabilidad extrema cuando no te apetece acudir a una de las citas navideñas?

Es más un reproche hacia mí misma que hacia lo que me rodea, así que quizá el inicio del post esté mal planteado. Debería haber dicho que no encajo muy bien mis sentimientos dentro de la tradición familiar. Porque si el resto del año hago y deshago, voy y vengo, como quiero sin dar más explicaciones que las verdaderas, ¿porqué no hacerlo también en Navidad? Siento como si la decepción que pudiera causar pudiera matar a alguien.

A partir del año que viene quiero empezar a hacer las cosas de otro modo.

martes, 9 de diciembre de 2014

De cuando no quieres ver lo que tienes delante....

.... y una se cansa ya de intentar que al menos lo ojees.

Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y la verdad es que así es. Y es que esta persona no es no quiera verlo, es que lo ve, y en su interior sabe interpretar perfectamente, pero sigue haciendo caso omiso.

Y tu intentas aconsejar, hacerle ver, entender, también intentas que se quiera un poco más, porque al final se trata más de tu propia dignidad que de otra cosa, pero.... ¡no hay tu tía! Cuando parece que al final se ha dado cuenta y que va a tomar una decisión, te enteras que ha tomado la contraria.

Y cuando aconsejas no es que quieras que la otra persona tome la decisión que tu tomarías, porque cada persona es distinta, tiene sus propias circunstancias, sus propias motivaciones.... pero tampoco se puede aguantar tanto cambio de dirección, a veces más que una veleta.

Finalmente das un ultimatum, el mismo que debería dar otra persona, y dices: "tomes la decisión que tomes, apechuga con las consecuencias, porque no puedes quejarte todo el rato de lo mismo y no tomar decisiones y medidas para evitarlo. Si sabes que solo hay una manera de solucionarlo pero no te gustan las consecuencias, no puedes estar fustigandote todo el día. Aprende a vivir y a asumir las consecuencias de tus propios actos".

Cuando llegas a este punto con ella.... olvídate de más. No le gusta lo que oye, así que no volverás a oír nada de ella tampoco. Un alivio en cierta manera, pero egoísta también, porque esa no es manera de pagar una ayuda sincera de alguien que te quiere y que no gana nada con "mal-aconsejarte".







PD: Y a pesar de ello, contenta por otras cosas que tienen que ver con otras personas que pase lo que pase, opines lo que opines, aconsejes lo que aconsejes y hagan lo que hagan siguen buscando tu apoyo. Lo cortés no quita lo valiente.

martes, 25 de noviembre de 2014

la Cara del Moro

Uno de los monumentos más representativos de la ciudad de Alicante es el Castillo de Santa Bárbara, que se erige sobre el Monte Benacantil. A sus pies se desarrolla toda la vida cotidiana en una ciudad que guarda muchas sorpresas para quienes se atreven a mirar un poco más de cerca.

Subir al Castillo de Santa Bárbara te da una perspectiva de la ciudad diferente, desde allí arriba puedes ver Alicante en los 360º; y las vistas a la playa y el mar Mediterráneo son maravillosas. En días despejados incluso puedes divisar Tabarca.

No obstante, lo más curioso del Castillo no es la fortificación en sí misma, sino la imagen que se adivina en la roca sobre la que se alza y que es conocida por todos los alicantinos como "La Cara del Moro".



Según la leyenda, esta imagen no es fruto de la caprichosa naturaleza, sino que responde a una trágica historia de amor:

"El Califa que gobernaba la ciudad tenía una hija llamada Cántara de una belleza sin igual. Una gran cantidad de pretendientes llegaron a la ciudad a pedirle al Califa la mano de la joven, pero entre todos ellos sólo dos destacaron: Almanzor y Alí.

Almanzor era un gran general que ha pasado a la historia, procedente de Córdoba y conquistador de Zamora, Barcelona, Santiago.... Sin embargo Alí era un joven noble guapo, con bastante labia y encanto.

El Califa no supo decidirse, por lo que decidió proponer a los pretendientes una prueba, de manera que el primero en llevar a cabo una gesta que fuera de su agrado se llevaría la mano de la bella Cántara.

Así, Almanzor partió hacia la India a por sedas y especias, abriendo así una ruta comercial con el Lejano Oriente. En cambio Alí escogió un trabajo igualmente duro pero intencionadamente cerca de su amada: quiso abrir una acequia que trajera aga a la ciudad desde la zona de Tibi.

Las obras de la acequia empezaron con buen pie, pero finalmente se retrasaron y no pudo finalizarla puesto que Alí comenzó "festear" a la princesa, a cortejarla y escribirle poemas, consiguiendo que ella cayera a sus pies.

Al regreso de Almanzor, éste había cumplido con creces su misión, ya que trajo un barco cargado de especias y ricas telas para el Califa, quien, satisfecho, le dio la mano de su hija al trabajador muchacho.

Cuando Alí conoció que su amada iba a ser entregada a otro hombre, desesperado se tirí por un barranco. Al caer al fondo del abismo la tierra se abrió milagrosamente y brotó el agua de la montaña, llenando la actual presa de Tibi.

Cántara al enterarse decidió seguir el ejemplo de su amado y se tiró por uno de los barrancos de la Sierra de San Julián, conocido desde entonces como el Salt de la reina mora.

El Califa, habiendo perdido a su hija predilecta, cayó en una tristeza tan profunda que acabó muriendo de pena. Al cabo de poco tiempo, su triste perfil apareció tallado en lo alto del monte Benacantil y la corte sarracena, impresionada por esta historia, decidió cambiar el nombre de la ciudad por Alicante, para conseguir que los dos amados permanezcan unidos, aunque solo sea por su nombre, para la eternidad."



Os dejo una foto maravillosa de nuestro Castillo de noche, impresionante. 



jueves, 20 de noviembre de 2014

Del inconformismo...

.... que os hablé la semana pasada han habido consecuencias.

No grandes consecuencias, por supuesto, pero para mí sí lo son. Implica estar a gusto conmigo misma, que mi pensamiento y mis actos estén en armonía.

Hay decisiones que duelen, y que no quieres tomarlas. Pero siempre defiendo que para que todo a tu alrededor esté bien, tú tienes que estar bien.

Muchas veces la mente y el corazón van por caminos distintos, y eso al final termina minándote. Ni hay que cambiar el pensamiento, ni los sentimientos. Hay que saber acompasarlos, darles a cada uno su lugar, su momento, su debida importancia. Compaginar lo que a priori puede parecer incompatible.

Llevo muchos años luchando por ser yo misma, independiente, alguien a quien pueda describir por sí sola, por lo que hace y no hace, por lo que piensa y no piensa, por lo que quiere y lo que no quiere, por la huella (buena o mala) que puede dejar a su paso. No quiero ser la novia de, la hija de, la nieta de, una amiga de.... y así un largo etcétera. No confundir.... no quiero decir que no me sienta orgullosa de ser "la ... de", pero no quiero ser SOLO eso.

Para conseguir lo que tengo en mente tengo que dejar de comportarme como si no me importara todo por lo que lucho a diario. Aunque duela. Aunque afecte a otras personas. Por que otras personas no se han preguntado si sus comportamientos pueden afectarme y afectar a lo que quiero ser y conseguir.

Y sí, duele y mucho. No sólo la decisión, sino también la perspectiva de las consecuencias. No podemos saber lo que puede pasar, porque puede ser un sí o un no o un quizá o una probablemente. Pero da miedo saber que existe la posibilidad de alguna de esas direcciones. Y porque lo malo que tenemos las personas es que nos relacionamos con otras personas que también toman decisiones.

No obstante he decidido, bueno no creo que haya sido una decisión, sino más bien ha sido una "caída del guindo", que lo que pasa a diario, lo que ha pasado y lo que pasará, tiene que tomarse como un aprendizaje y como un camino para fortalecerme. Para darme cuenta que, una vez más, puedo conseguir lo que me proponga.

Una última reflexión: no ha pasado por todo lo que llevo a las espaldas para conformarme con lo que la vida me quiera dar y cumpliendo con un papel de fiel servidora.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

De que no me quiero conformar

Últimamente me estoy conformando con muchas cosas. Casi podría decir que con casi todo lo que me ocurre y lo que ocurre a mi alrededor.

Pero desde este fin de semana he decidido que ya no me quiero conformas más, que me he hartado de siempre comprender, ponerme en el lugar de los demás, entender que no es el momento, o que mis sensaciones y sentimientos puedes posponerse.

Estoy HASTA LOS MISMÍSIMOS OVARIOS de tener metidita en la cabeza esa cantaleta que nos impone la cultura del "bienqueda", esa especie de cortesía hipócrita, amabilidad falsa, careta que la sociedad disfraza como "buena educación".

Pues no. No quiero ser bien educada, ni quiero ser cortés, ni amable ni quiero quedar bien con nadie que no sea yo misma. Ya está bien! Los últimos meses preocupándome de todo y de todos menos de mí y de lo que me apetece en cada momento.

¿Y cómo voy a salir yo sola de compras? ¿Cómo me voy a ir a dar un paseo yo sola por el centro? ¿Cómo voy a ir a tomarme un café sin compañía? ¿Cómo voy a pedir que me apetece esto o lo otro? ¿Y porqué no decido yo sin preguntar lo que comemos según lo que a mí me apetece? ¿Cómo me voy a tomar la libertad de decir que esto no lo quiero hacer? ¿Cómo no voy a hacer este esfuerzo? ¿Cómo puedo pensar en quejarme?

Pues sí. Quiero quejarme, e irme a dar una vuelta yo sola, tomarme un café, o una cerveza o un gintonic si hace falta, y quiero irme sola de compras. No me quiero conformar con el devenir de los acontecimientos.

Sobre todo ya no me da la gana de conformarme con las imposiciones. No quiero dejar de decir lo que opino porque vayan a pensar de mí determinadas cosas. No quiero dejar de defenderme por no discutir. Quiero que la gente sepa que tengo sentimientos, y que aunque sean distintos a los de los demás, también se tienen que respetar. Porque yo llevo mucho tiempo respetando, callando, dejando pasar, tragando con muchas cosas que no me gustan.

Hoy he tenido un arrebato de inconformismo. No me ha dado la gana de callarme lo que pensaba y lo que sentía. Y ese arrebato me ha llevado a esta crisis tecleadora. Lo siento por quien me lea, si es que alguien me lee.

PD: Este fin de semana empieza mi particular guerra sin armas.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Una simple nota....

.... con unas simples palabras pueden hacer aparecer en ti una enorme sonrisa que dure todo el día.

No subestimes el poder de un pequeño gesto.

lunes, 6 de octubre de 2014

¿Qué quieres que haga....

... si a mí estas cosas me afectan?

Cada persona somos un mundo. Con su forma de entender el mundo, con sus sentimientos, con sus principios, con su manera de afrontar las cosas.

Y eso no quiere decir que unos sean mejores que otros, o que sean más fuertes. Porque lo de la fortaleza... depende de qué entiendas tú por ser fuerte.

Ante una misma situación hay quienes pasan página y punto. Ni un sentimiento de rabia, ni de impotencia, ni malestar, ni nada. Sin embargo a mí... me pasa de todo. Lloro, me enfado, me decepciono, vuelvo a llorar, siento que han jugado conmigo, me pongo nerviosa, me siento culpable, luego vuelve la rabia.... Y no puedo evitarlo.

¿Y qué hago si a mí estas cosas me afectan? Es lo que le decía a una amiga hace unos días. ¿Qué hago? No lo puedo evitar.... mi cuerpo reacciona así. El malestar de tantos meses ha tenido que salir así, mi estómago ha sido esta vez quien se ha encargado de sacar todos los sentimientos acumulados durante tanto tiempo.

A mí, cuando las personas me han importado, ese tipo de cosas me afectan sobremanera. Siempre lo digo, y siempre lo he escrito en este blog, para mí las personas son buenas por naturaleza. Y cuando me relaciono con la gente lo último en lo que pienso es que me están utilizando. Por eso luego me pasa lo que me pasa. Que cuando en mi camino se cruza alguien que sólo ve en tí una oportunidad, un aprovechamiento, un interés, y después de cierto tiempo se descubre el pastel... me decepciono y me hace daño. La decepción y  el dolor aumentan de manera proporcional al cariño que le tenía a esa persona. Y cuanto más cariño (y por tanto más decepción), más rabia siento por ser tan idiota de confiar tanto en alguien que luego paga con esa moneda.

Ahora le encuentro cierto sentido a una frase que me marcó: "Aún tienes que salir del cascarón".

¿Y si no quiero salir? No por miedo, yo no le tengo miedo a nada. No por comodidad, a mí me gusta el movimiento. Quiero seguir en el cascarón si eso significa seguir confiando a pesar de personas como tú, porque aún estas cosas que me pasan estoy orgullosa de mí, de mi manera de ser y sentir. Cuando hago las cosas, las hago sinceramente, sin buscar un algo más.



En otro orden de cosas, finalicé una etapa. Creo que ya me he descolgado de ciertas cosas tóxicas, aunque seguramente seguirán revoloteando de vez en cuando por aquí cerca.

martes, 23 de septiembre de 2014

De la retirada de la ley de contrarreforma del aborto y la dimisión de Gallardón

Ayer fue un muy buen día para mí.

No sólo se anunciaba la retirada de la contrarreforma de la ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo (llamada ley del aborto), sino que la persona que inició la misma con un proyecto que atentaba sin escrúpulos la inteligencia de las mujeres también dimitió. Y se va del Gobierno. Y es como si un peso de encima me hubieran quitado.

El señor Gallardón empezó con mal pie desde el principio: ley de tasas judiciales. Esas que instauraron para reducir la litigisiosad, aduciendo el ministro que, de esta manera, la gente que va al juzgado “por aburrimiento” ya no lo haría ante el coste adicional (como si Abogados y Procuradores regaláramos nuestro trabajo, que casi…) y de esta manera se desatascarían los tribunales. También dijo que lo recaudado con las tasas se destinaría a financiar la justicia gratuita. Pues señor ex – ministro de justicia, ni lo uno ni lo otro. Ha bajado la litigiosidad, pero no por el motivo que usted aseguraba, sino porque los clientes no pueden pagar unas tasas desorbitadas; y la justicia gratuita sigue tan precaria para los profesionales que trabajan en ella como siempre.

Pero no contento con esto, lleva a cabo otras proposiciones que atacan directamente a la abogacía. Una de ellas, propone una medida que supone que va a suponer la panacea para desatascar los juzgados de familia. Propone que los notarios puedan divorciar y separar y llevar a cabo la liquidación del régimen economico matrimonial. Así mismo, pretende dar competencia a los notario para que casaran (mi opinión sobre esta medida ya la di en este mismo blog, y se puede resumir en: ¿casar?, bueno… vale; ¿divorciar? Nunca).

También la ley que prevé la desaparición de los colegios profesionales y por tanto la no obligatoriedad de colegiación para algunas profesiones. Entre ellas Abogados y Procuradores. No voy a negar que supondría un desahogo economico importante para algunos que, como yo, no tenemos ingresos fijos y por tanto las cuotas colegiales son difíciles de satisfacer, pero no hay que dejarnos llevar sólo por el aspecto económico. Que la colegiación no sea obligatoria podría implicar el aumento del intrusismo en nuestra profesión. Personas “enteradillas” que lo saben todo gracias al tío Google se creerían preparados para asesorar a quien lo necesitara, y habrá quienes incluso llegaran a defenderlos en juicio. Aberrante. Como si no tuviéramos suficiente con el libre mercado y la competencia feroz en los honorarios, como para aguantar que cualquiera pueda ejercer nuestra profesión (para que los demás nos hemos preparado debidamente) sin control de nadie sobre los requisitos que se necesitan para hacerlo.

Y reforma de justicia gratuita, para eliminar supuestos y establecer límites al ejercicio de este derecho. Quien esté en situación de beneficio de justicia gratuita, sólo podrá hacer uso del mismo en tres procedimientos al año. No me pondré a explicar aquí porqué opino que esto es una soberana tontería, porque tiene más miga de la que creemos.

De la reforma del aborto, ya no quiero hablar, porque ya se ha retirado, y es lo mejor que ha podido hacer el gobierno. Dicen que es porque no ha habido consenso, pero ¿cuándo le ha importando al Gobierno el consenso? Si hasta ahora han legislado a golpe de decreto y sin escuchar al resto de grupos parlamentarios. Para mí que la retirada de esta reforma tiene más fines electorales que otra cosa. Pero sea la razón que sea la que haya llevado a la retirada de la retirada de la ley de reforma del aborto, es una buena noticia para las mujeres, que van a poder seguir decidiendo sobre su maternidad, y sobre todo, las mujeres embarazadas que se estén planteando interrumpir su embarazo van a seguir siendo tratadas como sujetos de derecho, con opinión propia, y capaz de valorar su situación, identificar sus deseos y sentimientos y tomar decisiones propias sin necesidad de que nadie las tome por ellas. El Presidente del Gobierno ha dicho que va a seguir adelante con una medida en este ámbito, introducir el permiso parental en los casos de abortos de chicas con 16 y 17 años. Hasta que no lea la medida no puedo opinar.


Por último, la dimisión… ha sido lo mejor que ha hecho por la Justicia en todo este tiempo. Así dejará de proponer reformas de la Justicia que suponen la merma de garantías y derechos de los justiciables y todos los agentes que participamos en este ámbito; y dejará de introducir reformas que llevan a España por un camino del retroceso en libertad e igualdad, una libertad que nos costó mucho conseguir, y una igualdad que aún no se termina de conquistar.



jueves, 4 de septiembre de 2014

De lo que descubres...

... y te sorprende

Crees que conoces a las personas y crees que tienes clara la relación que hay entre vosotros, y también intuyes que clase de sentimiento tienen hacia ti. Y resulta que te equivocas.

Esta vez mi equivocación ha sido para bien. No ha sido una decepción, como estoy acostumbrada.

Es mucho el tiempo que pasamos juntos, son muchas las cosas que hemos estado compartiendo. Pero a veces me preguntaba si no era rutina, comodidad. Pero no… porque los pequeños detalles en los momentos más importantes te demuestran que no es la costumbre, que la relación es mucho más profunda de lo que tú te habías imaginado.

Y de repente una avalancha de sensaciones te inunda y te preguntas… ¿en qué momento ha pasado todo esto? ¿Cuándo hemos pasado a tener una relación de auténtica amistad? Pues sabes qué… que no lo sé ni me importa demasiado.

Quizá el que lea esto pensará que lo que hablo son tonterías… bueno… eso dependerá de la importancia que cada uno dé a sus amigos y las relaciones con ellos. Para mí, mis amigos son parte de mi familia, personas con las que puedo contar y a las que puedo pedirles consejo sobre cualquier cosa. Sé que harán lo posible por ayudarme, dentro de lo que esté en sus manos. No me había dado cuenta hasta hace unas pocas semanas de que dos personas se habían incluido poco a poco en mi lista de apoyos imprescindibles.
Lo he descubierto en uno de mis momentos de “distancia”. Ya escribí hace tiempo sobre ello, esas veces en las que una necesita alejarse de lo que está viviendo, de lo que le está pasando, de lo que siente y piensa para mirarlo con un poco de objetividad, desde la “distancia” y darse cuenta de muchas cosas que no contemplas por la rutina diaria. En uno de esos momentos de “distancia” he visto pequeños detalles, algo que podríamos llamar gestos… pero que se producen en momentos importantes, momentos en los que si tu no importaras, no estarías.

Por eso hoy escribo, para terminar de darme cuenta y creerme que dos grandes personas han querido que forme parte de sus vidas. Dos personas cuentan conmigo, y yo sé que cuento con ellos.


Un beso a los dos, aunque no me leais desde aquí. 

miércoles, 23 de julio de 2014

De "Un cadáver entre plato y plato" y...

... de lo que llegas a aprender leyendo una simple novela.

"Un cadáver entre plato y plato". Un libro que me llamó la atención únicamente por su título. Paseando por una gran superficie, nos encontramos con la sección de lectura. Mi pareja y yo tenemos la (buena o mala, no sé) costumbre de pasarnos por estos espacios para ponernos al día sobre las novedades literarias y cogemos ideas de títulos interesantes para leer durante nuestro tiempo libre. Aunque he de reconocer que, de todos los tipo o ramas o vertientes literarias que tenemos a nuestra disposición, a mí me tiran mucho más las novelas policíacas o novelas negras. Investigación, muertes extrañas, intriga, conspiración....

Y resultado de esta preferencia que me viene de niña, he llevado prácticamente un año de lecturas apasionantes. Después de conocer la saga de John Verdon ("sé lo que estás pensando", "No abras los ojos", "Deja en paz al diablo", "No confíes en Peter Pan" ) y Glenn Cooper ("La biblioteca de los muertos, "El libro de las almas", "La llave del destino", "La hora de la verdad", "El fin de los escribas"), ha caído en mis manos Un cadáver entre plato y plato de Tom Hillenbrand y me ha sorprendido.

En realidad no me parece una novela extraordinariamente buena, de esas en las que el secreto del argumento permanece oculto hasta las últimas 20 páginas. No es de aquellas que te dejan con la boca abierta cuando descubres el meollo del asunto, ni de las que te quedas sonriendo como una idiota cuando cierras el libro. Pero aún con todo lo anterior... me ha encantado. Creo que la intención del autor no era crear una ingeniosa historia de crimen, sino que pretendía dar a conocer la ciudad que sirve de escenario al libro y su rica gastronomía. Los sucesos "negros" y la historia de una especie de conspiración gastronómica sirven al autor como una especie de autobús turístico que traslada al lector a las calles de Luxemburgo y a sus restaurantes. La historia está salpicada de nombres de platos típicos luxemburgueses, y por su proximidad, también franceses, alemanes e italianos.
El libro te adentra también, aunque de una forma bastante superflua, a la alta cocina y el mundo jerárquico y especializado que es el de la cocina. Puedes aprender, por ejemplo, que para que una cocina profesional funcione debidamente debe existir un orden específico en la manera de disponer los ingredientes e instrumentos; o que existe un electrodoméstico que se llama salamandra que es una especie de "horno al aire" que permite gratinar y mantener calientes los platos.

Lo que me ha gustado de este libro no es tanto la historia negra que cuenta, sino la manera en que el autor consigue (al menos en mi caso) que tan pronto te concentres en la investigación, como que prestes atención a la descripción de la ciudad, para que luego te olvides de todo ello e intentes imaginar el aspecto, aroma y sabor de los platos que va presentando a lo largo de las páginas.

Ahora me he quedado sin nada que leer, así que volveré a mis paseos por las secciones de libros de los grandes almacenes para ver qué puedo pescar.

viernes, 11 de julio de 2014

Seguimos restando a la cuenta

Hace unos meses hablaba de borrón y cuenta nueva?

Y comentaba que no borraba la cuenta, que la necesitaba presente para no volver a equivocarme. ¡Qué bien hice!

¿Sabéis eso de creer estar hablando con una pared? O ¿eso de creer que estás afónica porque hablas y parece que no te oyen? O ¿creer que eres imbécil por estar hablando sola?

Pues eso va restando en la cuenta que ya tenía, se va quedando en números rojos. Ha llegado un momento que ya no cabe más y he dicho BASTA. Basta de intentarlo y ver que por la otra parte no hay ni un mínimo de respeto, de civismo, de cordialidad, de amabilidad, de EDUCACIÓN.

Si tu quieres hacer como que no existo y como que no te interesa lo que te cuento, no te preocupes. No te voy a volver a poner en la difícil situación de tener que contestarme a un simple ¿qué tal todo? No te vas a volver a ver en el compromiso de tener que mirarme y hacer como que me escuchas. Y por todo ello te doy las GRACIAS, porque así yo no me sentiré forzada a sacarte conversación, no me veré en el gran compromiso de parecer que me interesas, me has liberado de una carga enorme.

Por todo lo demás que seguía apuntadito en la cuenta, también te doy las gracias, porque has hecho que me de cuenta de tres cosas: de una gran amiga que no sabía que tenía, de lo que me quiere la persona que tengo a mi lado y me defiende con uñas y dientes, y de lo que soy capaz de hacer por esa persona.

Gracias por la experiencia que me das. Lo único que siento es la forma en que estás jorobando la vida de otra persona, pero que cada palo aguante su vela y que cada burro tire de su carro.


jueves, 29 de mayo de 2014

De personas que no ves a menudo

y aún así, cuando te acuerdas de ellas, una sonrisa se dibuja en tu cara.

Hoy me ha pasado eso con una persona a la que hace muchos años a la que no veo y con la que no hablo habitualmente. Pero da igual. No sé porqué, no me explico porqué después de tantos años, de tanto tiempo sin saber uno del otro, cuando de uvas a pera cae un mensaje a través de Facebook, nos respondemos como si acabáramos de despedirnos. Nos hemos conocido poco, casi diría que superficialmente. Pero creo que ese corto tiempo hizo que naciera entre nosotros un enorme cariño, que aún a día de hoy y a pesar de los pesares sigue pululando por encima de nuestras cabezas.

No será un confidente, amigo imprescindible. No seré su gran apoyo para los malos momentos. Sólo somos dos personas que coincidieron un tiempo en un momento de sus vidas, y que ese momento, para uno y otro, ha tenido cierto significado. Sólo queda un bonito recuerdo de esos días, un cariño casi injustificado, y un deseo tremendo de que al otro todo le vaya bien. Al menos, es lo que me queda a mí.

Un día, cuando volvamos a coincidir, que estoy segura, ambos nos alegraremos de vernos. Mientras la vida quiera que esto pase, a seguir disfrutando de lo que nos brinda a diario.



lunes, 12 de mayo de 2014

Un mes y/o dos semanas más tarde...

Un mes desde nuestra primera (y última) conversación donde me disculpaba por mi comportamiento. Dos semanas desde la última vez que nos vimos.

Una conversación que si no hubiera sido por mi predisposición no se hubiera producido, ni hubiera terminado como terminó. No pretendo echarme flores, hacerme la importante, o merecerme todos los méritos. Nada más lejos de mi voluntad. He escrito en este blog varias entradas motivadas por discusiones, decepciones, desencuentros entre nosotras. Pero la de hoy se distingue de las demás en que esta vez no me sorprende, porque desde que colgué el teléfono lo tenía asumido.

Todo empezó (o acabó, según se quiera ver) en Octubre. Una mala contestación por mi parte, con razones suficientes, pero mala al fin y al cabo. Pasaron los meses, y por mi cabezonería y orgullo no levanté el teléfono hasta Enero. Llamé con la intención de felicitar el año e interesarme por tí y por cómo te había ido en todo este tiempo. Tras 4 meses sin hablar y sin saber la una de la otra, ¿cuál fue tu respuesta? Estabas saliendo de casa y todo te iba bien, adiós. Menos de 3 minutos de conversación.

No volví a coger el teléfono hasta abril, cuando no podía más con la situación. Se avecinaba el momento en que tendríamos que volver a vernos y a mi no me gustan las cuentas pendientes. Fui valiente, para decir todo lo que dije, y no valiente con respecto a tí, por ser la que diera el paso, sino valiente con respecto a mí misma, porque asumí todos mis errores y pedí disculpas, algo que a todos y todas nos cuesta muchísimo. Valiente con respecto a mí misma porque también asumí muchos de los defectos que tengo y que provocaron que llegara la situación hasta ese extremo. Pero también fui un poco.... imbécil. Por soportar durante una hora y media una cantaleta totalmente falsa, llena de mentiras. Imbécil, por pedir hasta 30 veces disculpas por un hecho que ocurrió una sola vez. Imbécil también por no decirte todas y cada una de las cosas que haces (y no haces) que perjudican nuestra amistad. Imbécil por hacer borrón y cuenta nueva cuando sabía que tú no lo ibas a hacer.

Son pequeños detalles los que me hacen actuar como actúo. Te escudas en que no tienes wasap para justificar tu alejamiento. Pero cuando no teníamos eso, ¿cómo estábamos en contacto? E-mail, teléfono, sms... Multitud de formas para seguir hablando y mantener un poco el hilo. Medios que no usas, porque no quieres. Demasiado centrada en tus cosas, demasiado egoísta con tus propias preocupaciones y problemas. Demasiado egoísta con todo lo tuyo, porque ni quieres compartirlo, ni quieres saber nada de los demás. Así vas por buen camino.

Hace dos semanas que nos vimos por última vez, después de nuestra famosa conversación. Tuve que ir mentalizada, porque soy una persona a la que se le nota muchísimo todo lo que me pasa. Pasamos una tarde-noche agradable, en torno a los viejos tiempos, recordando cosas de años anteriores, y todo porque una de las nuestras se va a otro país. Y después... ¿qué? Después no ha habido nada. Ni un mensaje, ni un correo, ni una llamada. Absolutamente nada. Por mi parte tampoco, pero ya no quiero hacer más la imbécil. Porque ese mismo día volviste a tener pequeños detalles que siguen demostrándome lo alejada que estás, y lo poco que te importo. Por que si no te importa cómo estoy, cómo están los míos, qué tal va el trabajo o el no trabajo, qué quiero hacer ahora, o más adelante... es que no te importo.

Esto ya lo tenía asumido desde que colgué el teléfono hace un mes. Y creo que seguiremos así, porque no pienso volver a soportar una hora y media de chorreo, en esta ocasión sin ninguna razón.


lunes, 5 de mayo de 2014

Competencia feroz

Hace un año, cuando me puse en contacto con la realidad de mi profesión por primera vez, hubo mucha gente, compañer@s de profesión, que me dieron una palamdita en la espalda, me animaron a seguir dando pasos hacia mi asentamiento profesional definitivo, y con una sonrisa de oreja a oreja me decían que contara con ell@s para todo lo que necesitara. 

Todos hemos tenido una primera vez en el mundo laboral. Pero no todos han tenido la sensación de absoluta soledad profesional que me invade cada vez que me enfrento a un nuevo asunto, un nuevo cliente, un nuevo procedimiento. 

Al final todos aprendemos, pero no todos tenemos el mismo camino de aprendizaje. En una cafetería, si no sabes cómo funciona la máquina del café, te lo explican, pones dos cafés, y todos son iguales. En un supermercado, sino sabes cómo funciona la caja registradora, te lo explican y el segundo día das a las teclas sin mirar porque te las sabes de memoria. Una abogada sale de la facultad habiendo redactado, a lo sumo, una demanda en todos sus años de estudio. ¿Cómo se siente una cuando le llega su primer asunto y no sabe para dónde tirar? Sabes la teoría, sabes qué ley tienes que aplicar. Sabes, casi en el primer momento, cuánto de razón puede tener tu cliente y hasta dónde pueden llegar sus pretensiones, pero... ¿Cuánto tardará el Juzgado en darme fechas? ¿Qué clase de documentos me van a llegar a partir de ahora? Y un sin fin de preguntas más, por ejemplo... ¿cómo taso una actuación que no aparece en el libro? ¿qué puedo cobrar de mínimo? ¿y de máximo? ¿es necesario que presente tasación de costas, o me requiere el secretario? ¿este escrito lleva tasa? ¿habrá una vista de ratificación, cuándo?

Y ante todas las dudas del mundo mundial recurres a esa gente que hace un año te decía que podías contar con ella para todo lo que necesitaras... ¿y qué te encuentras? Absolutamente nada. Ni respuesta, ni atisbo de haberla. 

Y te quedas pensando, ¿de qué sirven esas normas importantísimas según algunos veteranos profesionales? Visto lo visto sólo son importantes algunas, pero no todas. Esa parte en la que los abogad@s tenemos la obligación de auxiliar a los "novatos" no se la han leído. No quiero que hagan mi trabajo por mí, sólo pido orientación. 

Una profesión en la que cada nueva incorporación se ve como una competencia, alguien más que te puede quitar a tu futuro cliente, alguien que no tiene ni puta idea. 

Estoy recordando una anécdota muy buena.... Estando en el despacho de una compañera para firmar un acuerdo extrajudicial, la compañera en cuestión llega comentando que acaba de poner una denuncia en comisaría porque le robaron el bolso en un restaurante. Decía que "total... no sé ni para qué me molesto si esto es sólo una falta de hurto". Cuando enumera todo lo que le habían sustraído, empiezo a hacer cálculos mentales (bolso de marca, iphone, cartera con 350 euros, llaves del coche y de casa...). Y con las mismas le digo a mi compañera que efectivamente es hurto puesto que no ha habido violencia, pero que sí merece la pena denunciar porque es un delito y no una falta. Lejos de, en todo caso, discutir conmigo jurídicamente sobre porqué le dí esa respuesta, lo único que hizo fue desacreditarme y humillarme como profesional con una sola pregunta: "¿Y tú eres abogada?". Aún no habíamos firmado el acuerdo, así que necesitaba tenerla a predisposición, así que me tragué lo que le hubiera contestado de ser otra la situación. Sí, soy abogada, joven, sin experiencia, pero al menos aún recuerdo la diferencia entre un delito de robo y un delito de hurto, pero sobre todo sé distinguir entre falta de hurto y delito de hurto, porque parecía que a esta compañera se le olvidó estudiar el artículo 234 del Código Penal. O eso o es que tiene en muy poco estima el dinero que cuesta su iphone, su bolso de marca y sus 300 euros de honorarios que llevaba encima. 

Esta anécdota me subió un poco la moral, ya que me dí cuenta que la experiencia es un grado, pero no es garantía de nada. 

Desde aquí le doy las gracias a tod@s los compañer@s que a diario siguen prestándome su ayuda y orientación, pero también se las doy a los que van poniendo zancadillas, porque provocan en mí un ánimo de superación más grande. 

martes, 18 de marzo de 2014

De todo un poco...

... y de nada mucho. 

Estas semanas sin pasarme por aquí tienen justificación. 

Ni tiempo, ni ganas de contar nada. 

Pero ha llegado el día. Y quiero escribir. De los pequeños detalles. De los más ínfimos, casi invisibles. De cómo pueden decir mucho más que las palabras o sonrisas más vistosas. Podríamos reducirlo todo a "lenguaje corporal", pero va más allá de los gestos, de la mirada desviada, de tocar el pelo, de cruzar los brazos, de tocarse una oreja, de la caída de párpados o del levantamiento de cejas. Es lo que denomino "lenguaje implícito" o "lenguaje sentimental". Un lenguaje que percibimos por las sensaciones que nos transmiten ciertos comportamiento (o la ausencia de ellos) de las personas con las que nos relacionamos. No negaré que ese lenguaje implícito/sentimental es altamente subjetivo y puede que hasta sugestivo, pero ¿acaso el lenguaje corporal no lo es? ¿Y acaso el lenguaje corriente tampoco?

Utilizar una u otra palabra en una frase, en un texto y en un contexto depende de las experiencias, formación, ideología y otras muchas más características de la persona que la emite. La percepción, entendimiento y significación de la misma palabra también depende de esas mismas experiencias, formación, ideología y otras muchas más características de la persona que la recibe; y que no tiene porqué ser la misma significación que la que asume el otro cuando emite el mensaje. 

Llevarse la mano a la oreja cuando estamos contando algo suele significar que estamos mintiendo. Densos  y numerosos tratados sobre lenguaje corporal contienen esta misma afirmación. Pero puede ocurrir que, lejos de la interpretación que realiza el receptor del mensaje en este sentido, lo único que haya ocurrido es que al emisor le picara la dichosa oreja. 

Por tanto, ninguno de los lenguajes que podemos utilizar en nuestras comunicaciones son totalmente objetivos y claros, porque de serlo no se sucederían a diario malinterpretaciones, malentendidos. Con ello quiero decir que no puede utilizarse esa sugestividad y subjetividad del "lenguaje implícito o sentimental" como crítica para su validez en determinadas situaciones, puesto que ha quedado demostrado que el lenguaje tradicional y el corporal (tan de moda en los últimos años) también pueden llegar a adolecer de esos mismos males. 

El lenguaje implícito, o lenguaje sentimental, no siempre se percibe. Debemos tener una predisposición a detectarlo. Con predisposición no quiero decir, y no contemplo, la posibilidad de llegar a inventarnos o a rellenar "un vacío" de significado. Con predisposición me refiero a tener una actitud interpretativa, o si se quiere, crítica de los comportamiento y energías que otros desprenden. Para explicarme, un ejemplo: 

<<Acabas de salir de una reunión con un compañero/amigo/conocido/familiar en el que habéis comentado cosas quizá importantes. Sales acompañado de tu interlocutor a la calle, y terminas de comentar ciertos flecos que han quedado sin zanjar en tu reunión. Tu compañero habla y contesta, pero camina hacia alguna parte sin decirte que le sigas o le acompañes para terminar de cerrar la conversación. Tampoco se despide de ti, ni deja para otro momento lo que estáis hablando.>>

¿Qué conclusión podemos extraer de esta situación? En el plano más superficial, el del lenguaje formal, sólo podríamos extraer como conclusión lo que se haya dicho. Si nos acercamos al significado del lenguaje corporal, un segundo nivel, menos superficial, podríamos concluir que nuestro interlocutor tiene mucha prisa en llegar a algún sitio que no es en el que nos encontramos. Pero ¿nos quedamos sólo ahí? ¿No hay otras razones? ¿No hay más mensajes implícitos en ese comportamiento (no sólo en la acción de "irse", sino en esa acción revestida de todos los detalles comentados)? A mi entender sí. Y esa significación extra es lo que yo he denominado como lenguaje implícito o lenguaje sentimental, que se encuentra en un tercer nivel de comunicación mucho más profundo, y que no todo el mundo identifica, ni siquiera llega a plantearse su existencia. Para mí ese tercer significado de la escena planteada es el siguiente: "Me importa poco o menos lo que hemos hablado, lo que estamos hablando, y todo lo que gire alrededor de esta conversación"

Algunos podrían volver a la crítica del subjetivismo y sugestión, y dirían que eso ya es cuestión de educación, en concreto de una mala educación. Y yo les contestaría que quizá podrían tener razón, pero la mala educación no implica que no pueda apreciarse ese tercer mensaje implícito, o quizá incluso sea la mala educación la fuente del mismo, puesto que si nuestro interlocutor hubiera tenido un comportamiento ajustado a la norma social de "buena educación", habría esperado a que se zanjara el asunto en cuestión, o se habría disculpado y justificado por tener que abandonar la conversación, prometiendo una nueva puesta en contacto y despidiéndose de nosotros. Si hubiera tenido este comportamiento (buena educación "no sincera", es decir, buena educación falsa, inventada, hipócrita, en-fachada, falaz), ni siquiera con la predisposición o con las alertas para captar "terceros mensajes" podríamos extraer conclusiones implícitas o sentimentales. Por lo que, esa mala educación (sincera, en este caso), es lo que nos ha permitido captar el mensaje; lo que no quiere decir que la no percepción o detección de dichos mensajes suponga su no existencia. Que nuestro interlocutor se hubiera tenido un comportamiento adecuado socialmente (buena educación), ¿impediría de alguna manera que pensara "me importa poco o menos lo que hemos hablado, lo que estamos hablando, y todo lo que gire alrededor de esta conversación"?

No siempre podemos o nos dejan captar el mensaje implícito; otras muchas veces no lo detectamos por falta de predisposición a analizar nuestra convivencia cotidiana; y muchas, muchísimas veces, la gran mayoría del tiempo, no somos conscientes de que nosotros también lanzamos mensajes implícitos. 

Considero que aprender a descifrar este lenguaje sentimental es importante para las relaciones interpersonales, evitará alguna que otra decepción, sorpresa..., llámese de distinta manera según las consecuencias de cada situación. Sólo tenemos que poner atención a los detalles, como dije al principio, incluso aquellos ínfimos, casi invisibles, imperceptibles. Desarrollemos la capacidad sensorial del lenguaje, que la hay.